#124 – Ramón Barrios: ni olvido ni perdón

Hace 5 años, durante la noche del 8 dRamon Barriose julio, moría Ramón Barrios en en el centro de menores Santa Teresa de Calcuta, Brea del Tajo, Madrid. Queremos que este programa sirva como homenaje; abordaremos las circunstancias de su fallecimiento, el silencio, la falta de medidas institucionales contra el centro gestionado por la Asociación GINSO, comentaremos a qué se dedica esta fundación que dirige un total de seis centros en distintos puntos cardinales del estado y citaremos otros proyectos sociales que trabajan con chavales sin recurrir al castigo. Terminaremos comentado las imágenes filtradas del interior de un centro de menores en el norte de Australia y os recomendaremos algunos materiales en relación con los menores y el encierro.

En última instancia, el problema de los menores es estructural, se inserta en la lógica cortoplacista e inhumana del capitalismo, donde la generación de nuevos beneficios se antepone al derecho a una vida digna. Además, se trata de un problema de clase. La consigna; “Lo ricos nunca entran, los pobres nunca salen” contiene una gran verdad atrapada en sus sílabas. Las cartas de la vida están marcadas. Hay quien nace con todo en contra. Dann Simmons (el creador de The Wire) diría al respecto que el sistema tiene mucho de tragedia griega. Es complicado desafiar al destino, mucho más de lo que se nos vende. La cultura del hombre y la mujer que se hacen así mismos es demagogia liberal. La realidad es mucho más cruda y responde a un conjunto de aplastantes relaciones de poder. La asimetría social, la desigualdad, el desamparo de los menores que provienen de los sectores más desfavorecidos de la sociedad no es un daño colateral, ni siquiera es la consecuencia de una manera de producir y organizar la vida, es su condición de posibilidad.

Solo aplastando a una parte de la ciudadanía puedes mantener un tinglado como este. Los muertos, sean niños o personas mayores (como Manuel, el último inquilino de la casa del aire de Granda, de cuyo fallecimiento hablamos en el último programa) son un peaje necesario que se paga sin mayores problemas. Son muertos de segunda, habitantes de resquicios y periferias. Vidas que pueden barrerse bajo la alfombra. Una vez más, no habrá minutos de silencio ni lazos de colores… Por nuestra parte, habrá rabia, cultivada con el mayor de los cuidados. Y ojalá seamos cada vez más los que nos podamos encontrar en ella, porque la rabia también puede constituir un terreno desde el que levantar nuevas escaleras que apunten al cielo de los amos.

Casos como el de Ramón Barrios nos atraviesan con el filo oxidado de la impotencia y, sin embargo, nos traen al presente el sentido por el cual elegimos un determinado camino. La gente que formamos parte de los movimientos sociales y colectivos que luchan contra la desigualdad no somos mártires ni iluminados ni ostentamos una mayor categoría moral que el resto… somos tan solo mujeres y hombres que no toleramos el actual estado de las cosas. Ese donde matar a un niño en un centro de reclusión queda impune y la vida, esta vida salpicada de mierda, sigue como si nada hubiera pasado.