#-98 Construyendo en común, construyendo lo común

entrevoces-primera-vocalDedicamos este programa 98 de manera monográfica a comentar y presentar el Séptimo congreso Mundial de Intervoice que tendrá lugar en la Alcalá de Henares los días 6 y 7 de noviembre. Para ello contamos con la presencia en el estudio de tres miembros de Entrevoces, que es la asamblea que está organizándolo. Recuperamos así un tema que ya tocamos en un programa de hace ya un año y medio largo: el del afrontamiento colectivo de la llamada “enfermedad mental” (una conceptualización que será cuestionada durante la entrevista).

Arrancaremos con una lectura del manifiesto que explica el lema (y que podéis encontrar más abajo) y conversaremos sobre la naturaleza del congreso, sus motivaciones y anhelos y los contenidos que a día de hoy ya están cerrados.

Os animamos a daros una vuelta por su web, en especial por el blog y la sección de materiales, de entre los cuales hemos querido recomendar uno en especial: El cuento del gato, de Phil Thomas.

Si algo nos ha quedado claro después de esta hora (que como siempre nos ha sabido a poco) es que no se puede desmontar la casa del amo con sus propias herramientas, tal y como afirmó la activista Audre Lorde en su día. Esas herramientas tenemos que construirlas. Entre todos y todas las que estamos abajo.

Construyendo en común, construyendo lo común

Dos ideas centrales y una apuesta a la hora de afrontar el sufrimiento psíquico. Dos líneas que discurren paralelas y a las que les gusta cruzarse cada tanto. Un conjunto de palabras que pretenden recoger una infinidad de matices a la vez que transmitir un mensaje de la manera más honesta y clara posible. Este lema no es marketing, porque no tenemos nada que vender, ni dinero que ganar. Es, ante todo, una declaración de intenciones.

La salud mental no es una isla al margen de la realidad. Escribimos estos párrafos desde el estado español, un territorio situado al sur de Europa y sumergido en una crisis social y financiera devastadora. Pensar la salud mental exige por tanto pensar el contexto, hacerlo a nivel global y a nivel local. De lo contrario, si concebimos el dolor de cada cual como una parcela aislada, nos encontraremos validando el mundo que ya conocemos y en el que mucho de nosotros enfermamos o enloquecimos: uno donde se ofrecen soluciones privadas para procesos colectivos, el sálvese quien pueda de este capitalismo tardío que habitamos.

Partimos del reconocimiento de algo evidente: estamos sumergidos en la precariedad. Cada vez son más los aspectos de la vida que se sitúan (con mayor o menor violencia) fuera del control de las personas. Sean recursos o afectos. La precariedad nos separa y sabotea la comunicación. Hay una conexión directa entre el hecho de que se construyan barrios sin plazas donde los vecinos puedan encontrarse y el que las consultas psiquiátricas se hayan convertido en dispensadores unidireccionales de psicofármacos. Ambas cosas son signos de nuestro tiempo, un tiempo donde nadie escucha a nadie y además se nos presenta como si fuera algo normal o natural.

La precariedad nos sume en la fragilidad, en esa posición que afianza la dominación y legitima la resignación. Así es como se clausura el futuro y se afirma que no hay salidas, que todo va a seguir eternamente igual. Y todo significa todo: nuestro diagnóstico, nuestro trabajo, nuestra existencia.

Frente a ello, nuestra postura se define en clave de resistencia. No aceptamos este escenario y trazamos estrategias para salir de él; o más bien, para acabar con él. No disponemos de ninguna receta mágica, ni tampoco nos fiamos de quienes dicen tenerlas. Creemos sencillamente que en un momento histórico como el que estamos viviendo es necesario reivindicar el trabajo colectivo y la creación de redes comunitarias sólidas y horizontales. Reinventar los canales y los espacios que propicien la comunicación. Vincular el sufrimiento psíquico con la biografía de las personas y difundir la necesidad de hablarlo entre iguales. Defendernos de asfixia provocada por la industria farmacéutica. Comenzar a articular situaciones y proyectos donde podamos sacudirnos la impotencia y sea posible pensar y construir nuevas realidades.

Nuestro mayor deseo es que este Séptimo congreso Mundial de Hearing Voices sea parte de todo ello. Un paso más de tantos otros que sirvan para recorrer nuevos senderos, para que las personas se reencuentren entre ellas y tomen conciencia de esa capacidad para crear conocimiento y transformar el mundo que todos y todas tenemos y que nos es expoliada día a día.

El futuro y la salud son y serán una tarea colectiva. Mientras no nos demos cuenta de ello, seguiremos sin tener un mañana hacia el que caminar.

El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquél que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.

Italo Calvino. Las ciudades invisibles.