#53 – Encuentro del Libro Anarquista de Madrid… ¡Y ya van once!

RCDT 53_XI encuentro del libroAbrimos este programa repasando la situación que ha dejado la huelga de limpieza y parques acontecida en Madrid recientemente, mandando un afectuoso saludo a la gente que se ha peleado el conflicto de principio a fin (especialmente a todos aquellos que han acabado con algún tipo de proceso judicial abierto) y repasando la repugnante situación que tuvo lugar en las calles la madrugada del día 15, cuando el Ayuntamiento de la ciudad, en una maniobra ruin, movilizó a una empresa de trabajo temporal para reclutar de manera exprés esquiroles a 80 euros la noche. No faltaron los voluntarios. El canibalismo social es la esencia del capitalismo, y nos tememos que irá a más…

En este programa entrevistamos a uno de los miembros de la asamblea organizadora del XI Encuentro del Libro Anarquista de Madrid, con el comentaremos las diferentes charlas y actividades que tendrán lugar durante los días 5, 6, 7 y 8 de diciembre en la Escuela Popular de Prosperidad, que un año más cede su espacio para que el encuentro pueda llevarse a cabo. En esta entrada no vamos a reproducir el contenido de las jornadas, ya que en la web del Encuentro podéis encontrar tanto la programación como enlaces y lecturas relacionadas con las charlas y debates que van a tener lugar.

Reseñaremos La balada del metro sin puertas, del recientemente desaparecido David Antona, y un fanzine, Hacia la insurrección más queer. Nos despediremos con dos noticias sobre la ciudad de Granada y relacionadas con la lucha por la vivienda que os dejamos más abajo para que podáis leerlas.

Manifiesto de la Corrala El Triunfo

Artículo 47 de la Constitución Española: “Derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”. Artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios”.

Somos 23 personas, ocho de nosotros menores de edad, a quienes nos han quitado nuestro derecho al trabajo, a la vivienda y a una vida digna. Hemos perdido nuestros puestos de trabajo, y con ellos el acceso a la vivienda. Hemos acudido a las instituciones en busca de ayuda y soluciones, sin haber obtenido absolutamente nada. En esta situación, hemos decidido que ni nosotros ni nuestros hijos vamos a quedarnos en la calle. Hemos decidido organizarnos y luchar.

Nos hemos realojado en un edificio que lleva vacío desde el año 2008. Son 13 viviendas, 13 de las cientos de miles que a día de hoy están desocupadas en Andalucía. El propietario de las viviendas es Cajamar, una entidad que en el primer trimestre de 2013 ganó 28,5 millones de euros. Nosotros y nosotras, mientras tanto, no tenemos ni para comer.

No queremos hacernos con la propiedad de estas viviendas. Sólo queremos tener un techo bajo el que nuestras familias duerman. Estamos abiertos al diálogo con Cajamar, y estamos proponiendo un alquiler social acorde con nuestras posibilidades económicas.

Humildemente pedimos al pueblo de Granada su apoyo, porque entendemos que la lucha por la vivienda no es sólo cosa nuestra, sino una lucha que afecta a la mayoría de la sociedad. ¡Sí se puede!

El último vecino de la Casa del Aire

Manuel tiene 58 años, está prejubilado y tiene una escasa pensión. Lleva habitando la Casa del Aire desde hace 34 años. Allí vio crecer a sus hijos y actualmente reside buena parte del tiempo en compañía de su nieto.

Manuel es testigo de cómo se ha transformado el Albayzín, de cómo sus vecinos han ido desapareciendo, sustituidos por nuevos pobladores que ya no conoce, porque entran y salen del barrio en sus coches. Es testigo también de cómo las antiguas casas vecinales son reconvertidas en hoteles de lujo y albergues, de cómo han ido cerrando los comercios de toda la vida, siendo sustituidos por teterías, tiendas de artesanía y suvenirs. Manuel es consciente de que el barrio está dejando de ser para vecinos como él, convirtiéndose en una especie de parque temático para el turismo.

Manuel padece todo esto en sus carnes. A pesar de tener un contrato indefinido, ha sufrido todo tipo de intentos para que abandone su casa: desde el intento de declaración de ruina de su casa, el no reconocimiento de su contrato, la no aceptación de su renta para poder desahuciarlo por impago, hasta el abandono, incluso deterioro del propio inmueble, no acometiendo ningún mantenimiento y atacando a los suministros de agua y electricidad.

Pero Manuel está decidido en continuar habitando la que es su casa. Con el apoyo de otras vecinas y solidarios, lleva defendiendo su derecho a vivir allí desde hace casi 10 años. No sólo lucha por su vivienda sino también contra las atrocidades que se siguen acometiendo en el barrio.

A pesar del buen hacer de algunos técnicos de la administración, Manuel se encuentra con un conflicto estructural: las leyes y procesos burocráticos están hechos para facilitar que los grandes propietarios e inmobiliarias hagan su agosto a costa de la vecindad menos pudiente. Los derechos de los inquilinos han ido mermando sustancialmente a lo largo de los últimos años, aumentando así el conflicto vinculado a un bien fundamental como es la vivienda.

Los juzgados también han jugado un papel importante en la situación de Manuel, sobreseyendo, a pesar del volumen de pruebas, la primera querella por acoso inmobiliario admitida a trámite en Andalucía. Su visión parcializada y compartimentada del conjunto de acciones realizadas en contra de Manuel no hace más que permitir que se sigan cometiendo este tipo de injusticias.

También en los juzgados se ha paralizado el incumplimiento del deber de mantenimiento del inmueble, proceso administrativo que conduciría a que la empresa propietaria, Edivara, vendiera forzosamente la casa. Esta parálisis se mantiene desde hace más de tres años y otros tantos que le quedan si no conseguimos hacer algo al respecto.

Mientras tanto, personas y colectivos solidarios siguen apoyando a Manuel en el mantenimiento de la casa. Sin embargo, el tiempo pasa y las condiciones de Manuel continúan vulnerándose.