#52 – Eurovegas: capitalismo extremo

rct_52_no-a-eurovegasEn Cabezas de Tormenta vamos a dedicar el programa número 52 a entrevistar  a un par de vecinos de Alcorcón que forman parte de la resistencia al salvaje proyecto de Eurovegas. Lo cierto es que tras ser elegida la población madrileña por parte del magnate Adelson como lugar apropiado donde levantar la sucursal europea de su chiringuito, se han sucedido los encontronazos entre políticos de la Comunidad de Madrid y del gobierno central (curiosamente ambos del Partido Popular) en relación a las reformas legislativas y distintas prebendas que parecen ser necesarias para que se instale un centro de juego, prostitución y blanqueo de dinero de proporciones descomunales en suroeste madrileño. Los compañeros nos contarán el estado actual del proyecto y las oposiciones que se han gestado para hacerle frente. También charlaremos del componente más humano de esta manifestación tan extrema del capital (que ya de por definición siempre lo es): ¿cómo hemos llegado al punto de que se pueda defender por parte de la propia clase trabajadora algo como Eurovegas?, ¿en qué momento se esfumó la dignidad y todo vale a cambio de trabajo?, ¿a nadie le importa qué tipo de trabajo nos espera?

En cuanto a las reseñas, en esta ocasión nos centraremos más en producciones televisivas y cinematográficas. Recomendamos dos series de televisión: Boardwalk Empire (una recreación histórica del nacimiento de la mafia vinculada a la ley seca en Atlantic City que viene ni que pintada para el programa de hoy: casinos, reformas urbanísticas, políticos corruptos, crimen, etc.) y Breaking Bad (que acaba de finalizar y cuyo título nos advierte sobre los riesgos asociados a los extremos del capitalismo… cuando uno “se hace malo”, la pendiente cada vez es más inclinada). La película que os dejamos se centra en el aspecto más humano de la miseria laboral, se llama Rosetta y es un film francés que aborda la desesperación asociada al riesgo de no encontrar un empleo y los límites que pueden llegar a ser cruzados llegado el momento. Sobre el tema que nos concierne, nuestros invitados nos incitan a leer el Pequeño glosario sobre Eurovegas que editaron hace cosa de un año (y por lo que puede contener algunos datos desactualizados, según nos avisan) y que se encuentra disponible junto a más materiales e información en la web: http://vivalaseurovegas.wordpress.com/

Para animaros a escuchar el programa si todavía no sabéis muy bien de qué va esto de Eurovegas, nos hemos permitido rescatar unas líneas de Ignacio Escolar, un periodista que no suele escribir desde una posición que compartamos en Cabezas de Tormenta, pero que en este tema ha sido capaz de atinar y sintetizar como nadie:

Imaginen que pido al Gobierno que me regale suelo, que me ponga una estación de AVE, que me construya una línea de metro, que me muevan un vertedero, que me echen a un poblado chabolista y que me perdonen los impuestos. Imaginen que también exijo que me cambien la ley de Juego, la ley de Enjuiciamiento Civil, la ley de Extranjería, la ley Antitabaco, el Estatuto de los Trabajadores, la ley de Blanqueo de Capitales y la ley de Procedimiento Laboral. Imaginen que, además de todo esto, reclamo que se permita el juego a menores, la entrada a ludópatas en mis casinos y un aval del Estado para algunos de los préstamos que vaya a necesitar. Si mi negocio va bien, los beneficios son míos; si quiebra, los contribuyentes tendrían que pagar.

A cambio de que me reescriban las leyes, me regalen el suelo, me avalen los préstamos, me permitan explotar a mis empleados y me perdonen los impuestos, yo prometo dar trabajo a los nativos. Ya saben, empleo de calidad: camareros mal pagados, crupieres, estafadores, matones, sirvientas para hacer las camas y prostitutas para deshacerlas.

La pregunta: ¿cuánto tardaría el Gobierno de ese país civilizado en mandarme a pasear? Pues la oferta no es hipotética. Este capitalista de casino existe y la Comunidad de Madrid está dispuesta a jugar.

Para terminar, os dejamos con el texto que leímos al abrir el programa:

Esta semana, Madrid, la ciudad que no tiene corazón, amanecía cubierta de basura. Los servicios de limpieza no trabajan, y además, por la noche, nuestros vecinos amontonan desechos en las aceras, descuelgan las papeleras, vuelcan contenedores… y nosotros con ellos. Hay huelga, y la huelga no tiene lugar tan solo en los centros de trabajo, para paralizar la producción de bienes y servicios, la huelga también se construye desde la expansión de ese conflicto concreto al resto de curros, al resto de barrios… cortocircuitando la ciudad. Esos gestos tienen nombre propio: solidaridad.

Hoy en Madrid late vida, late resistencia. No podemos quedarnos en casa sabiendo que hay más de mil despidos encima de la mesa, no podemos cruzarnos de brazos cuando las empresas que subcontratan la limpieza anuncian, también, rebajas salariales del 43% y un aumento de las horas de trabajo semanales, de 35 a 40. Nuestros compañeros en huelga tienen nóminas de algo más de mil euros. Apoyamos su lucha porque estamos en contra de que un asalariado trabaje de Lunes a Domingo por 700 euros al mes. Menos aún cuando se trata de violentos ajustes impuestos por compañías, que, como Sacyr, llevan décadas bebiendo de la milagrosa fuente del negocio del ladrillo español. Para ellos despedir personas es minimizar costes, ajustar el libro de cuentas para maximizar beneficios… una cuestión de sumas y restas.

No se trata tan solo de vivir mejor en un mundo invertido, en el que la fuerza de trabajo produce un valor mayor que el precio que cuesta y propiedad es igual a robo. Pero tampoco estamos dispuestos a vivir peor. Los limpiadores en huelga han trazado esa línea, los demás estamos llamados a apuntalarla. Y en esa pugna por no retroceder en nuestras condiciones de existencia encontrar complicidades… y averiguar, a través de la experiencia, que la única comunidad real es la comunidad que crea la lucha.

Si se nos encoje el estómago al ver las cifras del paro, ¿por qué no impedir despidos? Hoy por ti, mañana por mí.