#21 – Expropiar, tomar lo que es nuestro

Sumergidxs en la enésima ola de calor de este verano llegamos a la segunda quincena de agosto, Cabezas de Tormenta no cierra por vacaciones, aquí tenemos ya nuestro programa número 21.

En este programa hablamos sobre las expropiaciones a supermercados que han tenido lugar el pasado 7 de agosto en Écija (Sevilla) y Arcos (Cádiz), entrevistaremos a un compañero del SAT de Granada, daremos una vuelta breve y no experta en la historia y buscaremos casos parecidos acontecidos en el pasado en el estado español.

También le daremos una vuelta e investigaremos sobre este fenómeno y cómo viene teniendo lugar desde aproximadamente el año 2009 con bastante regularidad en el estado griego, nuestro compañero a la cola de Europa.

Extraemos fragmentos de comunicados redactados por compañeros desde Grecia, los cuales podéis leer más abajo.

Y en esta ocasión y con motivo de la temática de este programa monográfico reseñamos la película The General, los documentales The take (La toma) y  Lucio  y los libros Por qué he robado y Economía Autogestionaria

Una semana más mandamos un saludo a aquellos que nos escuchen desde Granada en Radio Almaina, en la 107.1 fm (Granada)

-Desde luego, este acto no nos clasifica entre lxs privilegiadxs de este mundo que no están necesitadxs y, por eso, ayudan a lxs pobres. Nosotrxs nos colocamos entre la masa de oprimidxs que se niegan a devorar a sus iguales (lugareñxs o migrantes) y contraatacan a lxs jefes que se hacen ricxs, chupando la sangre de lxs de abajo de este mundo.

Expropiaciones en los supermercados, guerra a la patronal

Hoy en día no hay nada más desesperante que ver a los patrones continuando con la misma serie de mentiras, como si no haya sucedido nada, como si nos esperara un futuro brillante en el capitalismo. Como si la ofensiva que estamos viviendo fuera un simple paréntesis debido a unos políticos corruptos y no a todo el sistema explotador. Y ahora que algunos tecnócratas-banqueros se han encargado, ya oficialmente, de gestión de la “nación”, todo será resuelto por arte de magia, basta con que tengamos “paciencia”, con que hagamos más sacrificios, con que agachemos diariamente la cabeza… Nosotros, los trabajadores, los desempleados, los extranjeros. Nosotros, los oprimidos, y en ningún caso el Capital y sus mecanismos.

Y ahora, incluso bajo estas circunstancias, en las que el cuento del consumo sin fin y el capitalismo en el que tienen cabida todos se ha acabado, nos llaman de nuevo a que nos pongamos nuestra ropa formal, a que nos vayamos corriendo a las tiendas comerciales a comprar, comprar, comprar o por lo menos recordar los tiempos en que podíamos hacerlo con dinero prestado. Nos llaman a que montemos una fiesta navideña como sea, olvidando conscientemente que mañana nos esperan nuevas medidas, nuevas humillaciones y que mientras no resistamos, cada mañana será peor.

Este mundo, que bajo la iluminación brillante tiene escondida la degradación constante de nuestras vidas, no se reforma. Se derroca, y no hay una solución prefabricada derrocarlo.

La confrontación de las consecuencias y las condiciones generadas por el funcionamiento de la máquina capitalista, ya estemos en período de crisis o de desarrollo, requiere la creación de estructuras de solidaridad mutua entre los oprimidos. De unas estructuras que apoyen prácticas de enfrentamiento y luchas de clase. De unas estructuras que respondan a la satisfacción colectiva de las necesidades diarias de todos(as) y de cada uno(a) de nosotros(as).

-Se expropiaron productos de primera necesidad y alimentos, los cuales fueron distribuidos al mercado popular en la calle Kallidromiou. La mayoría de los que estaban presentes reaccionaron de forma positiva a esa acción y llevaron los productos de las cestas.

La única reacción negativa fue la reacción de una empleada del supermercado, que estaba gritando mientras estábamos saliendo: “¡Qué vergüenza!” (Pues la empleada y cada empleado deben saber que la vergüenza se debe sentir por los capitalistas y los patrones que se enriquecen y viven su “sueño” en contra a la gente que vive diariamente la pesadilla de la explotación del hombre por el hombre).

– Sus riquezas son nuestra sangre

-La bancarrota no es una imagen en la tele

– Las conciencias nacen a través de los ataques contra los patrones

-Amigo, amiga, nos están robando. Desde hace decenas, cientos de años. Nos han tomado la tierra, el agua, nuestros esfuerzos, nuestra cultura, nuestra vida. Y nos dijeron (y siguen diciéndonos) que esto es normal, que es la única manera de vivir. Es decir, con el Estado y el capitalismo. Con mercancías, con ansiedad, con consumo. Trabajando nosotros para que ganen los patrones (locales y extranjeros) de nuestro sudor. Ellos arrojándonos migas y nosotros dándoles las gracias. Y hemos luchado y hemos perdido, una y otra vez. Pues, algunos de nosotros nos hemos hartado. Nuestro tiempo es el tiempo de los relojes de la producción. Y nuestras necesidades se han convertido en mercancías, ganancias, dinero. Lo que tienes, lo que obtienes, lo que es tuyo: todo es falso. Sólo que ahora, en la famosa crisis, lo que parecía inquebrantable, se está sacudiendo y todo lo parecía satisfactorio (una vida tranquila, un puesto de trabajo) se va a paseo. Porque simplemente todo esto era una ilusión.

Alrededor de nosotros, una gran parte de la población mundial vive en la pobreza, la miseria, el desempleo, la barbarie. Y nosotros vivimos en este mundo. Somos jóvenes. Extranjeros/as. Nativos/as. Estudiantes. Desempleados/as. Pensionistas. Obreros/as. Somos de los que estamos viviendo la opresión en cada campo de nuestra vida. Y estamos dispuestos a recuperar todo. No porque nos guste el consumo. No porque nos guste el dinero y la mercancía como un valor en nuestra vida. Sino porque ha llegado la hora de despertar. A mirar a nuestro alrededor, a actuar. Y por fin, hablemos nosotros y no nuestros amos. A definir nuestras necesidades. Con igualdad y solidaridad, en todas partes. Con luchas diarias y combativas en todas partes. En las plazas, los barrios, los sindicatos, los lugares de trabajo, las escuelas, las universidades, dondequiera que estemos diariamente. Y lo repetimos: a recuperar todo, de una vez para siempre. Ha llegado la hora de defendernos unos a otros. No más ir a lo tuyo, fin a la tregua. Poner fin al individualismo, a la propiedad, a la alienación.

No somos unos “Robin Hood” o algunos que tienen sus problemas solucionados y están haciendo su revolución. Esto es lo que van a decir los papagayos de los medios de comunicación masiva. No hemos realizado esta acción porque seamos salvadores, ni queremos ser salvadores de nadie. Formamos parte de esta gente, que concibe la perspectiva de su vida sólo mediante la lucha. Somos algunos de los que viven a vuestro lado, algunos que hoy hemos optado por indicar una de las maneras de romper la miseria, de recuperar nuestro tiempo y nuestra vida. Consideramos estos gestos como acciones que tienen lugar aquí y ahora, con nuestra mente y corazón orientados hacia un mundo de igualdad, de solidaridad y de ayuda mutua. Hacia un mundo de libertad individual y colectiva.

-Los productos expropiados del supermercado no habrán faltado a nadie como productos de primera necesidad; sólo habrán faltado a los negocios de los jefes como ganancias. Más que pedir al jefe piedad o algunas pocas horas pagadas de trabajo a su servicio, preferimos tomar bienes sin pagar por ellos, de otra forma, no podemos obtener las necesidades básicas. Así, vemos que por un momento rompimos el ciclo de esclavitud, reivindicando unas pocas horas de nuestro día para hacer algo más constructivo.
La guerra enfurece. No necesitamos declarar una. Tenemos necesidad de organizarnos, para defendernos de los ataques de los jefes encontrando maneras de golpearles a ellos. Lejos del cliché que nos describe como modernos Robin Hoods, y sin reivindicar ninguna posición de vanguardia, queremos compartir motivos e incentivos. Movimientos como éste son una forma pero no un fin en sí mismos. No estamos satisfechxs de tener jefes alrededor para robar o mendigar, o vivir de sus basuras. Deseamos ser responsables de nosotrxs mismxs y nuestras relaciones, y no queremos a nadie sobre nuestras cabezas que nos arregle las cosas.

-Nos da alegría cuando vemos a seres humanos que caminan con la convicción de que ellos mismos llevan las riendas de sus vidas, lejos de todo tipo de intermediarios. Cuando se organizan a base de la solidaridad y la auto-organización. Cuando no “se tragan el cuento” de que todos juntos, uno apoyando al otro, podremos salir de esta “crisis”.

-La quema de billetes es un acto simbólico, que habla por sí solo. Estos papelitos, que en segundos se trasformaron en ceniza, han conseguido destruir, incluso en menos tiempo, vidas y relaciones convirtiendo la vida en índices, digitalizando las sensaciones y las experiencias, limitando la sensación de la felicidad y de la desgracia al binomio “tengo/ no tengo dinero.

-Démonos cuenta de nuestro poder colectivo.